top of page

Cómo se entrena la voluntad: las lecciones de Milton Erickson

Actualizado: 12 feb

Una mano se extiende hacia un espejo con un marco antiguo. Una barca de madera en la orilla de un lago.

Milton Erickson (1901–1980) fue un psiquiatra estadounidense y el fundador de la hipnoterapia moderna, que transformó la parálisis causada por la poliomielitis en una oportunidad para revolucionar la terapia.

Su vida, por sí sola, es una historia de perseverancia, imaginación y una capacidad de adaptación extraordinaria. Todo comienza con:


La parálisis y el espejo

A los 17 años (1919), Milton Erickson contrajo una forma grave de poliomielitis. La enfermedad lo dejó casi completamente paralizado: no podía hablar, no podía moverse y apenas podía respirar. Los médicos creían que no sobreviviría.

En su habitación había un gran espejo, colocado de tal manera que podía ver su propio reflejo. Como no podía mover su cuerpo, comenzó a observar con extrema atención los movimientos musculares más pequeños en el espejo: un leve temblor de un dedo, un movimiento casi imperceptible del labio o del párpado.

Erickson empezó a usar su imaginación para entrenar sus músculos. Se imaginaba caminando, nadando, montando a caballo; “veía” los movimientos en su mente y los repetía mentalmente una y otra vez. Con el tiempo, estos ejercicios imaginados comenzaron a transformarse en pequeños movimientos reales.

Después de meses de estos “entrenamientos frente al espejo”, logró recuperar una movilidad parcial y, tras 11 meses, comenzó a caminar con muletas. Los médicos quedaron asombrados: para ellos, una recuperación así era imposible. Pero nadie podía imaginar lo que vendría después.


Las muletas y la canoa

Durante su primer verano universitario (Universidad de Wisconsin, 1922, a los 21 años), con el objetivo de acelerar su recuperación, Erickson decidió imponerse un desafío extremo.

Planeó un largo viaje en solitario en canoa: aproximadamente 1.000 millas por el río Misisipi. En ese momento todavía utilizaba muletas, ya que caminar le resultaba muy difícil. Decidió remar, acampar solo y llevar el mínimo equipamiento posible.

El viaje fue extraordinariamente duro: debía remar con brazos debilitados, afrontar el cansancio constante y encontrar maneras de sobrevivir con fuerzas limitadas. Sin embargo, esta experiencia fue construyendo en él dos pilares fundamentales:

  • Fuerza física, a través de la repetición diaria, mientras su cuerpo se fortalecía poco a poco.

  • Resiliencia mental, al descubrir que podía soportar mucho más de lo que creía.

Como llevaba muy poco equipaje —su cuerpo no toleraba el peso—, a menudo dependía de pescadores y personas que vivían a lo largo del río, quienes lo alimentaban y lo ayudaban durante el trayecto.

Partió de este viaje usando muletas. Cuando regresó, ya no las necesitaba: su cuerpo se había fortalecido lo suficiente.


Tres casos de su carrera como terapeuta

Milton Erickson solía relatar tres casos de su práctica clínica de una manera particularmente ingeniosa y llena de humor.


1. Los pies grandes

Una joven comenzó a desarrollar un fuerte complejo: estaba convencida de que sus pies eran demasiado grandes. Esta creencia la llevaba a sentir vergüenza, a negarse a salir de casa y a evitar el contacto social. Su familia estaba profundamente preocupada, ya que su vida se había reducido literalmente a una habitación cerrada.

Erickson fue invitado a visitarla en su hogar, algo habitual en sus primeros años de práctica. Conversaba tranquilamente con el padre en la sala de estar, aparentando no prestar atención directa a la hija. De pronto, se levantó y preguntó dónde estaba el baño. Al pasar, deliberadamente “tropezó” con los pies de la joven.

Se detuvo y, con total seriedad, dijo:

“Disculpe… no los vi. Sus pies son tan pequeños.”

Esta simple pero brillante observación —en un contexto en el que la joven esperaba burla— cambió por completo su perspectiva. Por primera vez, un adulto no solo no confirmaba su miedo, sino que lo invertía por completo. El complejo se desmoronó: poco tiempo después, la joven superó su bloqueo y volvió a salir y a vivir con normalidad.


2. El espacio entre los dientes

Otra joven estaba profundamente preocupada por su apariencia. Tenía un espacio visible entre los dientes frontales (diastema) y creía que eso la hacía poco atractiva. Su convicción era tan fuerte que había llegado a pensar:“ ningún hombre querrá casarse conmigo porque me veo rara”.

Sus padres buscaron la ayuda de Erickson. Él le dijo a la joven:

“¿Sabes qué? Usa el espacio entre tus dientes. Ve a la plaza, cerca de la fuente. Y cuando veas a un chico que te guste, rocía agua a través de tus dientes hacia él. Que ese sea tu modo especial de sorprenderlo.”

La joven aceptó la tarea con humor. En lugar de avergonzarse de sus dientes, comenzó a utilizar su particularidad como una fuente de juego y encanto. La historia termina con que ese gesto inusual impresionó a un joven que valoró su sentido del humor… y más tarde se casaron.


3. Lavarse las manos 100 veces

Un hombre acudió a Erickson con un grave síntoma obsesivo-compulsivo. Su principal ritual era lavarse las manos, de manera tan agotadora y compulsiva que lo hacía unas 50 veces al día. Esto interfería con su trabajo, su vida cotidiana y sus relaciones. Exhausto por intentar detenerlo, acudió desesperado pidiendo ayuda.

Erickson le respondió:

“No, no vas a dejar de hacerlo. A partir de mañana te lavarás las manos 100 veces al día. Pero lo harás según un horario estricto, por ejemplo: 10 veces antes del desayuno 10 veces antes del almuerzo 10 veces antes de la cena… y así hasta llegar a 100.Quiero que cuentes cada lavado con cuidado y lo anotes en una hoja.”

Al principio, el hombre quedó en shock: esperaba una prohibición, pero recibió una “prescripción” para intensificar su conducta obsesiva. Aun así, tomó la tarea en serio.

Ya el primer día se dio cuenta de que era imposible y absurdo lavarse las manos 100 veces al día: física, emocional y temporalmente. Poco a poco comenzó a saltarse algunos lavados. En cuestión de días, el ritual perdió su poder: de algo que lo controlaba pasó a convertirse en una tarea ridícula impuesta desde fuera. En poco tiempo, el número de lavados disminuyó drásticamente.


Milton Erickson nunca se recuperó por completo de la poliomielitis. Durante toda su vida caminó con bastón y, en la última década, utilizó una silla de ruedas debido a la inestabilidad de su marcha y la debilidad en las piernas. A pesar de ello, nunca dejó de trabajar, de atender pacientes ni de enseñar.



Preguntas frecuentes

¿Quién fue Milton Erickson?

Milton Erickson (1901–1980) fue un psiquiatra estadounidense y el fundador de la hipnoterapia moderna. Tras sufrir una parálisis grave por poliomielitis a los 17 años, utilizó la imaginación para recuperarse y desarrolló un enfoque terapéutico único, basado en metáforas, humor e intervenciones paradójicas.

¿Cómo se recuperó Milton Erickson de la poliomielitis?

Tras la parálisis, utilizó un espejo para observar los movimientos musculares más pequeños de su cuerpo. Mediante la imaginación, “entrenaba” sus músculos imaginando que caminaba, nadaba o montaba a caballo. Después de 11 meses comenzó a caminar con muletas y, a los 21 años, realizó un viaje en canoa de unas 1.000 millas que fortaleció definitivamente su cuerpo.

¿En qué consistió el caso de “los pies grandes”?

Una joven tenía un fuerte complejo por el tamaño de sus pies y se negaba a salir de casa. Erickson visitó a la familia y, al pasar, fingió tropezar con sus pies, diciendo: “Disculpe… no los vi. Sus pies son tan pequeños.” Esta frase cambió su perspectiva y la joven superó su complejo.

¿Cuál fue el caso del diastema (espacio entre los dientes)?

Una joven creía que el espacio entre sus dientes la hacía poco atractiva. Erickson le sugirió usarlo como una ventaja: rociar agua a través de sus dientes para sorprender a un chico que le gustara. En lugar de vergüenza, transformó su rasgo en juego y humor, lo que llevó a una relación y, más tarde, al matrimonio.

¿Cómo trató Erickson el trastorno obsesivo-compulsivo del lavado de manos?

Un hombre se lavaba las manos 50 veces al día. En lugar de impedirlo, Erickson le ordenó hacerlo 100 veces según un horario estricto y llevar un registro. La absurda exigencia debilitó el ritual, que perdió su poder en pocos días y disminuyó drásticamente.


© 2025 Coach Danny – Porque la victoria comienza en la mente. Todos los derechos reservados.

 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
  • Linkedin Коуч Дани
  • Instagram Коуч Дани

© 2025 Coach Danny. Todos los derechos reservados.

Política de Privacidad

Declaración de Accesibilidad

Términos и Condiciones

Política de Reembolso

Contrato de Servicios de Coaching

bottom of page