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El ancla

22 jun
6 min de lectura
Ancla oxidada, medio hundida en la arena del fondo marino y envuelta en una cadena — símbolo de lo que una vez salvó y ahora retiene

«No se lo digas a nadie»


Año 1975. Un laboratorio de Kodak en Rochester, Nueva York. Steven Sasson tiene 24 años. Acaba de construir un cubo metálico negro con un objetivo en la parte frontal: pesa unos 3,6 kilogramos, lleva una cinta de casete en la parte trasera y funciona con dieciséis pilas AA.

Lo llama fotografía sin película.

La imagen tarda veintitrés segundos en capturarse: es en blanco y negro, borrosa, lenta y tiene una resolución de 100 × 100 píxeles. Se almacena en una cinta de casete. Aquel dispositivo es el primer prototipo de una cámara digital.

Sasson lo lleva a una sala de reuniones para presentárselo al consejo de administración de Kodak. Espera aplausos. Quizá un ascenso. En el peor de los casos, algunas preguntas.

Lo que recibe es una frase que todavía se recuerda:

«Está bien. Pero no se lo digas a nadie».

La caja amarilla


En 1888, George Eastman —un joven que había abandonado la escuela a los catorce años para trabajar como empleado en una compañía de seguros— patenta una idea que cambiará el mundo.

Una cámara tan sencilla que cualquiera puede utilizarla.

El eslogan se vuelve legendario:

«Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto».


Y el mundo aprieta el botón.


En 1976, Kodak controla el 90 % del mercado de película fotográfica y el 85 % del mercado de cámaras en Estados Unidos. A finales de la década de 1980, la empresa emplea a más de 145.000 personas en todo el mundo.

La expresión «Kodak moment» pasa a formar parte del lenguaje cotidiano. Bodas, cumpleaños, bebés, vacaciones: todo pasa por aquella caja amarilla con letras rojas.

El modelo de negocio es perfecto.

La cámara no es el verdadero producto. La cámara es el gancho.

El dinero de verdad procede de la película, el papel fotográfico y el revelado. La empresa vende una cosa a bajo precio y obtiene grandes beneficios con la otra.


Y entonces uno de sus propios ingenieros les muestra algo capaz de borrar por completo aquel rentable modelo.

El consejo de administración lo guarda en un cajón.


La digitalización


En el año 2000, Sharp lanza en Japón el primer teléfono móvil con cámara integrada. En 2003, este tipo de teléfonos ya se vende en todo el mundo. Para 2010, los móviles con cámara forman parte de la vida cotidiana.


Para Kodak, el golpe es enorme.

Las personas ya no quieren limitarse a conservar una fotografía. Quieren verla inmediatamente. Borrarla. Repetirla. Enviarla. Compartirla.

La fotografía deja de ser un objeto.

Pero Kodak está construida sobre un mundo en el que una imagen debe convertirse en algo físico: película, papel, álbum o sobre de un estudio fotográfico.


Aun así, Kodak decide entrar en la fotografía digital. En 2005, la empresa ocupa el primer lugar en ventas de cámaras digitales en Estados Unidos, con una cuota de mercado cercana al 25 %.

Invierte miles de millones en quioscos fotográficos digitales: máquinas a las que los clientes pueden llevar la tarjeta de memoria de su cámara para imprimir las imágenes en papel fotográfico.

Kodak quiere que las personas hagan fotografías digitales, pero que después continúen imprimiéndolas.

Sin embargo, el mundo ya no quiere papel.

El mundo quiere que la fotografía viva en una pantalla.


El final


En 2012, Facebook compra Instagram por 1.000 millones de dólares. Una empresa emergente con trece empleados. Sin fábricas. Sin productos químicos. Sin papel.

Una compañía de apenas dieciocho meses que vende recuerdos sin imprimirlos vale 1.000 millones de dólares.


El 19 de enero de 2012, Kodak se declara en bancarrota.

Sus deudas ascienden a 6.750 millones de dólares.


Fujifilm: «¿Qué sabemos hacer realmente?»


Fujifilm se funda en Japón en 1934 con la misión de producir película fotográfica dentro del país, un sector que en aquel momento todavía no estaba desarrollado a nivel nacional.

Solo unos años después, la empresa comienza a exportar sus productos y se convierte gradualmente en un actor global.

En el año 2000, los productos fotográficos —película, papel y productos químicos— generan el 60 % de sus ventas y el 70 % de sus beneficios.

Cuando llega la digitalización, el mercado de la película fotográfica comienza a desplomarse entre un 20 % y un 30 % cada año.


En 2006, Fujifilm inicia una dolorosa transformación. La empresa elimina cerca de 5.000 puestos de trabajo, reduce parte de sus líneas de producción de película fotográfica y reorganiza sus actividades de investigación, desarrollo y distribución.


Shigetaka Komori, presidente de Fujifilm, formula una pregunta:

«¿Qué sabemos hacer realmente?»


Y comienza un inventario.


Resulta que la película fotográfica contiene colágeno. El problema que hace que las fotografías pierdan color es el mismo que provoca el envejecimiento de la piel: la oxidación.

Y Fujifilm posee una enorme experiencia en el control de los procesos de oxidación.

La empresa cuenta con una biblioteca de aproximadamente 200.000 compuestos químicos. Cerca de 4.000 de ellos están relacionados con antioxidantes.

De ese conocimiento nace en 2007 la línea de cosméticos Astalift.


Pero Fujifilm no se detiene en la cosmética.

La compañía se expande de manera significativa en el sector sanitario. En pocos años invierte miles de millones en la adquisición de empresas de medicina regenerativa y diagnóstico, reescribiendo por completo su propio ADN.


Y mientras todo esto sucede, no destruye su pasado. Crea Instax, una gama de cámaras instantáneas que se convierte en un éxito entre una generación que quizá nunca había sostenido una fotografía impresa entre sus manos.

También desarrolla la serie X100: cámaras digitales de diseño retro cuya demanda, según informó Reuters en 2024, Fujifilm no lograba satisfacer debido a su enorme popularidad en TikTok.


Durante el ejercicio fiscal que finalizó el 31 de marzo de 2025, Fujifilm registró unos ingresos récord de 21,03 mil millones de dólares y un beneficio operativo de 2,17 mil millones.

Era el tercer año consecutivo de resultados récord.


La diferencia


La diferencia entre las dos empresas no es únicamente tecnológica.

Es psicológica.

Kodak observa el producto.

Fujifilm observa la capacidad que existe detrás del producto.

Kodak pregunta:

«¿Cómo podemos conservar lo que tenemos?»

Fujifilm pregunta:

«¿Qué hemos aprendido hasta ahora?»

Kodak deja de controlar su producto.

El producto comienza a controlar a Kodak.


La transformación de Fujifilm no fue únicamente una decisión financiera. Fue un proceso psicológico de renuncia a lo que la empresa había sido.

No se convirtió en esclava de su producto. Aprendió a controlarlo.

La compañía que antes fabricaba película fotográfica ahora produce medicamentos, equipos de diagnóstico, cosméticos y materiales para semiconductores.

Y todavía fabrica cámaras.


El ancla


Para cambiar de verdad, debes ser capaz de renunciar a algo que en otro momento te hizo triunfar. Y eso duele. Sabes que debes dejar atrás algo que una vez te salvó.

Esto no es difícil únicamente para las empresas. También lo es para cada uno de nosotros. Cuando una organización o una persona se identifica demasiado con una determinada forma de éxito, comienza a proteger la forma en lugar del propósito.


  • Alguien alcanza el éxito gracias a la disciplina, pero después la disciplina se convierte en control.

  • Alguien alcanza el éxito gracias al trabajo, pero después el trabajo se convierte en una vía de escape.

  • Alguien alcanza el éxito gracias a la prudencia, pero después la prudencia se convierte en miedo.


Un ancla puede ser lo mejor que le suceda a un barco durante una tormenta cerca de una costa rocosa.

Pero si la sujetas a un avión, será exactamente aquello que lo haga caer del cielo.


La pregunta


Si mañana tuvieras que comenzar de nuevo, ¿qué te llevarías contigo?

¿Y qué dejarías atrás?

La primera pregunta es fácil. La segunda exige honestidad.


Preguntas frecuentes


¿Por qué Kodak se declaró en bancarrota si había inventado la cámara digital?

Kodak inventó la primera cámara digital en 1975, pero la dirección decidió no desarrollar aquella tecnología porque amenazaba su rentable modelo de negocio basado en la película y el papel fotográficos. La empresa protegió el producto que la había llevado al éxito, en lugar de aprovechar las capacidades que existían detrás de él, y esa decisión contribuyó a su bancarrota en 2012.

Fujifilm planteó una pregunta diferente: no «¿cómo podemos conservar lo que tenemos?», sino «¿qué sabemos hacer realmente?». Descubrió que su experiencia en oxidación y química podía aplicarse al desarrollo de cosméticos, medicamentos y tecnologías de diagnóstico. La empresa se transformó en lugar de limitarse a proteger su pasado.

Un ancla estabiliza un barco durante una tormenta, pero puede hacer caer un avión del cielo. Aquello que te salvó en una etapa de tu vida puede impedirte avanzar en la siguiente. El verdadero cambio exige ser capaz de renunciar a una forma de éxito que ya no te sirve.

La disciplina puede convertirse en control; el trabajo, en una vía de escape; y la prudencia, en miedo. Cuando nos identificamos demasiado con una determinada forma de éxito, comenzamos a proteger la forma en lugar del propósito. La cuestión es decidir qué debemos llevar con nosotros y qué debemos dejar atrás.


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